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Alimento para mi militancia

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Mireia G

Para empezar, y situarnos un poco, os explicaré cómo y por qué empecé a hacer Cuaderno de Vida (CdV). Tengo la tendencia, de manera natural, a meterme en muchos saraos. Siempre he ido combinando varios compromisos a la vez, y mucha actividad, creo que como muchos de nosotros y nosotras. Supongo que es por lo que he aprendido de esta sociedad: cuantas más cosas experimentes, y más sensaciones nuevas tengas, pues más feliz eres, o con más intensidad vives la vida... O aquello de consume hasta morir (no sólo cosas materiales, sino sensaciones, experiencias, viajes...). Bueno, al menos a mí me dio por hacer muchas cosas, pero en principio eran positivas: compromisos colectivos, y otros quehaceres, en la mayoría de ocasiones, no demasiado egoístas... Esta ansia por hacer muchas cosas y por querer estar comprometida con la transformación de esta sociedad desde muchos frentes que me apasionan, me ha hecho pasar por muchos sitios en los que he aprendido muchas cosas (a parte de la JOC, pues el esplai, la plataforma per l’habitatge digne en el Besòs, l’assemblea de resistències al fòrum, el Colectivo zapatista, ir a México de campamentista, ser responsable de grupo, hacer una revista entre unos cuantos compañeros y compañeras de Solsona, afiliarme a la CGT, meterme de presidenta en el Comitè de Empresa en Solsona, entre otras cosas...).
Gracias a la JOC he podido releer, a veces más y a veces menos, toda esta actividad frenética, que algunas veces provocaba en mí decir: hay tanto que hacer y somos tan pocos/as (“la collita és abundant, però els segadors són pocs. Pregueu, doncs, a l’amo dels sembrats que hi enviï més segadors” Mt 9, 37-38)... os suena, no? Pero toda esta actividad a veces me sobrepasaba, se me atragantaba (por no poder digerir tantas cosas seguidas en tan poco tiempo). A veces parecía que en lugar de dirigir yo mi vida, la vida me dirigía a mí... En lugar de vivir, sobrevivía. Y pensaba, pues qué voy a hacer, “no voy a decir que no a este compromiso”, “no les voy a dejar colgados”,... También, yo sabía que detrás de mis compromisos estaba Jesús. Se hacía presente en el grupo, en la federación... Pero muchas veces este estar Jesús detrás de todo esto, era más teórico que vivencial. Qué quiero decir con esto? Pues que sé que soy cristiana, y tal, y que sigo a Jesús, pero... ¿lo vivo? ¿Tengo experiencia de Jesús, detrás de cada momento y de cada intención? Pues a veces sí, y a veces no... Al menos, ahora he aprendido a distinguir cuando caigo en esta dinámica de inercia, y cuando estoy haciendo las cosas porque es la voluntad del Padre y Él está conmigo en las buenas y en las malas... Suena un poco fuerte, pero eso sí que es un buen fundamento, porque sino a las primeras de cambio nos vamos abajo.
Hubo una frase que me marcó especialmente. Ha habido muchas cosas detrás de el proceso que os explico, pero ésta me iluminó y la tengo identificada, me la repito algunas veces. Estaba al final de una hojita que nos pasaron la comisión federal de campaña hace dos o tres cursos (creo que estaban el Fede de respon y la Maite de consi) era sobre la acción personal y la militancia en el ambiente. La hoja acababa así: “El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; el Reino de Dios está dentro de vosotros” Lc 17,23. Buff, creo que me cayó como anillo al dedo, y me pregunté: y yo, tengo y siento este Reino de Dios dentro de mí? Lo relacionaba con la plegaria, pues cada vez estaba cogiendo más el hábito de pararme y charlar un rato con Dios, comentarle lo que me preocupaba, preguntarle qué tenía que hacer, darle gracias por esto o aquello... Para mí era eso, pero descubría que me quedaba mucho que avanzar en cultivar mi espiritualidad para darle sentido a mi militancia.
Bueno, pues, en ese contexto me decidí a hacer el taller de CdV en la Semana Santa de la JOC, creo que fue en el 2004. Y la verdad es que me ayudó mucho porque era lo que necesitaba. Sí, sí, me gustó mucho, pero el cuaderno que me regalaron estuvo un año guardado en un cajón: yo sabía que estaba ahí, pero siempre había otras cosas más urgentes que hacer... Además, en el fondo, lo del CdV era muy bonito, pero no sabía por dónde empezar, me daba hasta cierto respeto... Se ha magnificado tanto lo del CdV, que no sé, me parecía super difícil. Había unos pasos muy marcados: que si primero el contexto del hecho, luego explicar el hecho, luego valores humanos que descubrimos en el hecho, luego presencia de Dios en ese hecho, luego iluminar el hecho con el evangelio,... y acabar con una plegaria (acción de gracias, petición, ofrenda, perdón,...), casi ná! Yo lo tenía muy claro en la teoría, pero a veces te pierdes con tanto paso. Es también como lo del proceso de acción: que si observación, intuición, interiorización, transformación, confrontación/ comprobación (valoración), conclusión, nueva acción...
En fin, lo estoy caricaturizando un poco, pero me pasaba eso, que me perdía en esas pautas tan perfectas!!! Gracias a Dios, un día, en un acto de rebeldía contra los métodos y las pautas, y en favor de la vida y la plegaria, me decidí a pillar el cuaderno y poner lo que saliera. De la misma manera, que un día me rebelé contra la pauta del proceso de acción y me puse manos a la obra con la gente de Solsona a hacer una revista, o me tiré de cabeza al Comitè de Empresa. Ese día que escribí en el cuaderno, me salté pasos, por supuesto, pero me ayudó mogollón pararme a pensar en qué había vivido durante el día, y en las personas con las que me había encontrado... Le perdí el miedo y fui haciendo. Y tengo que reconocer que esas pautas luego me han ido ayudando y han ido enriqueciendo mi CdV.
En los objetivos personales me marcaba: “hacer CdV una vez al mes”, y eso me ayudaba, porque fui cogiendo el hábito. Había meses que no hacía, y semanas durante las que escribía dos o tres veces... Cuando pasaba un tiempo sin hacer, lo echaba de menos. Es importante mantener un poco el hábito. A veces no puedo estar mucho rato, y simplemente escribo una frase, lo que me ha sorprendido, cuestionado... durante el día, eso ya es importante, ya es un ejercicio de contemplación.
Pero, ¿qué ha aportado el CdV a mi militancia? De repente, empecé a descubrir un montón de milagros! Descubría las transformaciones que iban haciendo gente a mi alrededor, y no sólo las descubría (porque ya las vemos algunas veces), sino que las saboreaba, le daba gracias a Dios. Vivía eso de la Esperanza en mi militancia, una palabra un tanto abstracta, y que empecé a incorporar y vivir en mi vida diaria. Por el CdV han pasado situaciones de todo tipo: amargas, tristes, de desolación, alegres, de acción de gracias,... En todas ellas estaban las huellas del Padre, diciéndome alguna cosa.
Fue cambiando mi mirada hacia las personas (un poco como con la RdV, el EdE,...). A veces, cosas que me pasaban durante el día, pensaba “esto luego lo escribiré en el CdV, porque seguro que descubro cosas”, y ciertamente, esa contemplación me transformaba. Esto me hacía tener una relación más cercana con el Padre durante el día (en eso es en lo que más me ha educado el CdV). Es decir, a veces ya nos sale pedirle perdón, o darle las gracias de manera espontánea, no hace falta escribirlo... pero a mí me sirve especialmente el escribirlo (a cada uno/a le servirá una cosa, cada quien tiene que descubrir su modo). Supongo que es porque te obligas a estar un tiempo en exclusiva para hacer sólo esto: estar con el Padre. Es un momento privilegiado para agradecerle, dialogar con Él, y que de otra manera, a mí se me hace más diluido.
El hacer CdV también hizo que empezara a conocer más a fondo el evangelio. Al principio casi no ponía textos, o siempre me salían los mismos, pero con la ayuda de las RdVO del grupo, los EdE, alguna chuleta que corre por ahí con textos del evangelio y el librillo de “Evangelio y RdV”, fui conociendo cada vez más otros textos e incorporándolos al CdV.
Me ayudó mucho también el pensar que ese tiempo dedicado al CdV o a la plegaria, no es un tiempo para mí (para tranquilizar mi conciencia, o para sentirme bien,... aunque a veces, eso también se produce) sino que es un tiempo dedicado a los/as demás, a mejorar y dar calidad a las relaciones humanas (que en definitiva es lo que Dios quiere), a ponerme pequeños compromisos, a repensar mis actitudes con los demás de manera que sean más testimonio de amor (eso de “anunciar a Jesús...”).
Os tengo que decir, con todo corazón y sin exagerar, que estos descubrimientos han alimentado y sostenido mi militancia. Pasa muchas veces que en cosas muy pequeñas o gestos muy simples, descubrimos una transformación muy grande: eso me lo ha posibilitado el hacer CdV.
Bueno, y ¿cómo me ha ayudado el CdV a anunciar a Jesús a los/as jóvenes de la Clase Obrera?
Por el CdV han pasado muchos nombres de personas, algunas esporádicas, otras con las que me relacionaba a diario, algunas muy cercanas,... Bueno, el escribir lo que iba viviendo con ellas, y mis actitudes, y contrastarlas con las actitudes de Jesús, ha hecho que yo pueda ir planteándome el cómo soy testimonio suyo en el día a día. Parto siempre de la certeza de que Dios va trabajando en el corazón de cada una de ellas, y en cada situación (Jn 5, 17!); y de que a mí me pone como herramienta suya para realizar su Proyecto aquí en la Tierra.
Sobretodo, lo que pasaba por el CdV eran dificultades en dar ese testimonio, y éstas se iban transformando en llamadas a confiar en el Padre y a darme cuenta de que Él nos pone todos los medios para que hagamos nuestra tarea y seamos felices (otra cosa es que pasemos de Él). “Amb la meva gràcia en tens prou. Mira, la meva força es desplega plenament en la teva debilitat” (2Co 12, 9).
Estos días he hecho un descubrimiento (en los ejercicios espirituales) que me viene a huevo con el testimonio y que os quería compartir. Estamos trabajando la infancia de Jesús (vamos después de que ha nacido, pues va creciendo), y hemos contemplado una proporción que se da en la vida de Jesús: vive 30 años de vida “oculta”, 3 años de evangelización y de explicitar que es Hijo de Dios, y 3 días de pasión y muerte... algo nos quiere decir Dios con la vida de su Hijo. Hay una primera evangelización, en la vida cotidiana, donde es uno más, pero es que dura 30 años!! Quizás nos tenemos que preguntar: es nuestra vida evangelizadora por sí misma? O sea, en lo cotidiano, estamos siendo testimonios de Jesús? Luego, cuando haga falta, pues ya diremos que actuamos así porque somos cristianos/as... Esto es en lo que nos ayuda el CdV (y otros medios), en ser testimonio en el día a día, en lo más cotidiano, aunque también en nuestros compromisos; pero en definitiva, con las personas, con los y las jóvenes de la Clase Obrera.
“Releyendo el texto de Marta y María (Lc 10, 38-42) me doy cuenta que a veces me salen actitudes de Marta y haría las cosas rápido y eficientemente, sin contar con otros... He tenido también esta sensación hoy... La verdad es que me cuesta vivir cualquier trabajo como algo más vivencial y con las personas. En esto avancé en Solsona porque me lo proponía... Pero aquí en la JOC, va a ser muy importante que lo sienta así. Que sienta lo realmente importante: ESTAR POR LAS PERSONAS. Padre-Madre te pido que sepa mirar más allá y ponga toda mi alma y mi cuerpo en acoger a las personas que conozca en la responsabilidad.” (trozo del CdV del 4/9/07)
Esto es lo que es para mí el CdV, un medio como cualquier otro, pero que mí me sirve mucho y me transforma para transformar a otros y otras. Y para hacerme consciente de que hay un largo camino que recorrer y un montón de milagros que descubrir y saborear.

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